May 2, 2017

Poemas de Nezahualcóyotl


"Amo el canto de zenzontle; pájaro de cuatrocientas voces; amo el color del jade... y el enervante perfume de las flores. Pero más amo a mi hermano, el hombre."

-Nezahualcóyotl

Nota:

Esta hermosa mano que sostuvo la mía mientras hice esta foto es de mi esposo. Tuve que esperar un buen de tiempo para que él aceptará participar en esta idea, como les había dicho antes, él es una persona muy reservada, aparte que no le gusta tomarse fotos, es muy raro que lo haga. Tengo que preguntarle un mes antes si me presta una mano o un pié para usarla en un poema. 😂
Se que aunque no le guste tomarse fotos puedo contar con su apoyo incondicional, y eso, me hace muy feliz! ¡Gracias amor!

Ese día estuvimos conversando acerca de algunas ideas para su negocio y otras situaciones de la vida que se atravesaron por nuestras mentes y que ocurren en el mundo.
Salí de la oficina que él tiene en nuestra casa para preparar la cena, me distraje un poco leyendo una pagina en la Internet que había dejado a medias cuando baje a platicar con mi esposo.  Al final del articulo estaba este poema de Nezahualcóyotl, poema que describe perfectamente como el amor hacia nuestra especie tiene que ser fuerte que a cualquier otra. Se puede amar a los animales, a las flores y hasta lo material pero no mas que a los humanos.

De vez en cuando me siento a leer acerca de los personajes ineludibles de la historia de México. Nezahualcóyotl, no sólo fue uno de los más recordados monarcas de Tetzcuco (Antiguo México), sino que además se destacó por ser un apasionado poeta. Como gobernante, Nezahualcóyotl fue un hombre que supo gobernar con rectitud y lucidez; y gracias a su importante formación intelectual consiguió guiar al pueblo hacia un porvenir rico culturalmente.
Durante su mandato se construyeron preciosas obras arquitectónicas y se le dio un espacio fundamental al arte del que todavía podemos disfrutar si visitamos la Ciudad de México: cabe mencionar que muchos de sus versos se encuentran escritos en las paredes del Museo Nacional de Antropología de esta ciudad.
Nezahualcóyotl vivió en una época de batallas cruentas y debió enfrentarlas con valentía y entereza: cuando tan sólo contaba con 16 años vio cómo asesinaban a su padre y debió defender al pueblo del invasor.
Todas sus acciones y la historia de su tiempo quedó reflejada en sus ilustres poemas. Entre ellos se destaca uno que en el que el poeta se manifiesta amante del canto de los pájaros porque son los portadores de la historia desde el presente hacia el porvenir.



Canto de Primavera

 En la casa de las pinturas
comienza a cantar,
ensaya el canto,
derrama flores,
alegra el canto.

Resuena el canto,
los cascabeles se hacen oír,
a ellos responden
nuestras sonajas floridas.
Derrama flores,
alegra el canto.

Sobre las flores canta
el hermoso faisán,
su canto despliega
en el interior de las aguas.
A él responden
variados pájaros rojos.
El hermoso pájaro rojo
bellamente canta.

Libro de pinturas es tu corazón
has venido a cantar,
haces resonar tus tambores,
tú eres el cantor.
En el interior de la casa de la primavera
alegras a las gentes.

Tú sólo repartes
flores que embriagan
flores preciosas.

Tú eres el cantor.
En el interior de la casa de la primavera,
alegras a las gentes.




Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra
Aunque sea de oro se rompe
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
sólo un poco aquí.


Por fin comprende mi corazón
Por fin lo comprende mi corazón:
escucho un canto,
contemplo una flor:
¡Que no se marchiten en la tierra!




(Con que saludó a Moctezuma el viejo, cuando estaba éste enfermo)

Miradme, he llegado.
Soy blanca flor, soy faisán,
se yergue mi abanico de plumas,
soy Nezahualcóyotl.
Las flores se esparcen,
de allá vengo, de Acolhuacan.
Escuchadme, elevaré mi canto,
vengo a alegrar a Motecuhzoma.
¡Tatalili, papapapa, achalalili, achalalili!

¡Que sea para bien!
¡que sea en buen momento!
Donde están erguidas las columnas de jade,
donde están ellas en fila,
aquí es México,
donde en las obscuras aguas
se yerguen los blancos sauces,
aquí te merecieron tus abuelos,
aquel Huitzilíhuitl, aquel Acamapichtli.
¡Por ellos llora, oh Motecuhzoma!
Por ellos tú guardas su estera y su solio.
Él te ha visto con compasión,
él se ha apiadado de ti, ¡oh Motecuhzoma!
A tu cargo tienes la ciudad y el solio.

Por ello llora, ¡oh Motecuhzoma!
Estás contemplando el agua y el monte, la ciudad,
allí ya miras a tu enfermo,
¡oh Nezahualcóyotl!
Aquí en las obscuras aguas,
en medio del musgo acuático,
haces tu llegada a México.
Aquí tú haces merecimiento,
aquí ya miras a tu enfermo.
Tú, Nezahualcóyotl.

El águila grazna,
el ocelote ruge,
aquí es México,
donde tú gobernabas Itzcóatl.
Por él, tienes tú ahora estera y solio.
Donde hay sauces blancos
sólo tú reinas.
Donde hay blancas cañas,
donde se extiende el agua de jade,
aquí es México.

Tú, con sauces preciosos,
verdes como jade,
engalanas la ciudad.

La niebla sobre nosotros se extiende,
¡que broten flores preciosas!
¡que permanezcan en vuestras manos!
Son vuestro canto, vuestra palabra.
Haces vibrar tu abanico de plumas finas,
lo contempla la garza
lo contempla el quetzal.
¡Son amigos los príncipes
Nezahualcóyotl y Motecuhzoma!

La niebla sobre nosotros se extiende,
¡que broten flores preciosas!
¡que permanezcan en vuestras manos!
Son vuestro canto, vuestra palabra.
Flores luminosas abren sus corolas,
donde se extiende el musgo acuático,
aquí es México.
Sin violencia permanece y prospera
en medio de sus libros y pinturas,
existe la ciudad de Tenochtitlan.
Él la extiende y la hace florecer,
él tiene aquí fijos sus ojos,
los tiene fijos en medio del lago.

Se han levantado columnas de jade,
de en medio del lago se yerguen las columnas,
es el Dios que sustenta la tierra
y lleva sobre sí al Anáhuac
sobre el agua celeste.
Flores preciosas hay en vuestras manos,
con verdes sauces habéis matizado la ciudad,
a todo aquello que las aguas rodean,
y en la plenitud del día.
Habéis hecho una pintura del agua celeste,
la tierra del Anáhuac habéis matizado,
¡oh vosotros señores!
A ti, Nezahualcóyotl,
a ti, Motecuhzoma,
el Dador de la Vida os ha inventado,
os ha forjado,
nuestro padre, el Dios,
en el interior mismo del agua.



Un recuerdo que dejo

 ¿Con qué he de irme?
¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?
¿Cómo ha de actuar mi corazón?
¿Acaso en vano venimos a vivir,
a brotar sobre la tierra?
Dejemos al menos flores
Dejemos al menos cantos


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