6.23.2015

A veces me llamo infancia


A veces me llamo infancia
Y miré hacia atrás contenta
de estar lejos de todo
engrandeciendo los recuerdos
convertida en poeta.
Y estaba allí sola pensando
allí sola me quedare.
~ Carlota Caulfield

6.19.2015

UN RELATO SOBRE EL AMOR

Se trata de dos hermosos jóvenes que se pusieron de novios cuando ella tenia trece y él dieciocho. Vivían en un pueblito de leñadores situado al lado de una montaña. Él era alto esbelto y musculoso, dado que había aprendido hacer leñador desde la infancia. Ella era rubia, de pelo muy largo, tanto que le llegaba hasta la cintura; tenia los ojos celestes, hermosos y maravillosos...
La historia cuenta que habían noviado con la complicidad de todo el pueblo. Hasta que un día cuando ella tuvo dieciocho y él veintitrés, el pueblo entero se puso de acuerdo para ayudar a que ambos se casaran.
Les regalaron una cabaña, con una parcela de árboles para que él pudiera trabajar como leñador.  Después de casarse se fueron a vivir allí para la alegría de todos, de ellos, de su familia y del pueblo, que tanto había ayudado en esa relación.   
Y vivieron allí durante todos los días de un invierno, un verano, una primavera y un otoño, disfrutando mucho de estar juntos.
Cuando el día del primer aniversario se acercaba, ella sintió que debería hacer algo para demostrarle a él su profundo amor. Pensó hacerle un regalo que significara esto. Un hacha nueva relacionaría todo con el  trabajo; un pulóver tejido tampoco la convencía pues ya le había tejido pulóveres en otras oportunidades; una comida no era suficiente agasajo...
Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí y empezó a caminar por las calles. Sin embargo, por mucho que caminaba no encontraba algo que fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que, semanas antes, había ido guardando de los vueltos de las compras pensando que se acercaba la fecha del aniversario. 
Al pasar por una joyería, la única del pueblo, vio una hermosa cadena de oro expuesta en la vidriería.
Entonces recordó que había un solo objecto material que él adoraba verdaderamente, que él consideraba valioso. Se trataba de un reloj de oro que su abuelo le había regalado antes de morir. Desde chico, él guardaba ese reloj en un estuche de gamuza que dejaba siempre al lado de su cama. Todas las noches abría la mesita de luz, sacaba el sobre de gamuza aquel reloj, lo lustraba, le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo hasta que la cuerda se terminara, lo volvía a lustrar, lo acariciaba un rato y lo guardaba nuevamente en el estuche.
Ella pensó: "Que maravilloso regalo seria esta cadena de oro para aquel reloj." Entro a preguntar cuanto valía y, ante la respuesta, una angustia la tomó por sorpresa. Era mucho más dinero del que ella había imaginado, mucho más de lo que ella había podido juntar. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios  más para poder comprárselo.  Pero ella no podía esperar tanto.  
Salio del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero necesario para esto. Entonces pensó en trabajar,  pero no sabia cómo;  y pensó y pensó, hasta que, al pasar por la única peluquería del pueblo se encontró con un cartel que decía: "Se compra pelo natural". Y como ella tenia ese pelo rubio, que no se había cortado desde que tenia diez años, no tardó en entrar a preguntar.
El dinero que le ofrecían alcazaba para comprar la cadena de oro y todavía  sobraba para comprar una caja para la cadena y el reloj. No  dudó. Le dijo a la peluquera:
- Si dentro de tres días regreso para venderle mi pelo ¿usted me lo compraría? 
- Seguro - fue la respuesta.
-Entonces en tres días estaré aquí.
Regresó a la joyería,  dejo reservaba la cadena y volvió a su casa. No dijo nada. 
El día del aniversario, ellos dos se abrazaron un poquito más fuerte que de costumbre. Luego, él se fue a trabajar y ella bajó al pueblo.
Se hizo cortar el pelo bien corto y, luego de tomar el dinero, se dirigió a la joyería. Compro allí la cadena de oro y la caja de madera.  Cuando llegó a su casa, cocinó y espero que se hiciera la tarde, momento en el que él solía regresar. 
A diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez ella bajó las luces, puso sólo dos velas y se colocó un pañuelo en la cabeza. 
Porque él también amaba su pelo y ella no quería que él se diera cuenta de que se lo había cortado. Ya habría tiempo después para explicárselo.
Él llegó. Se abrazaron muy fuerte y se dijeron lo mucho que se querían.
Entonces, ella sacó debajo de la mesa la caja de madera que contenía la cadena de oro para el reloj. Y él fue hasta el ropero y extrajo de allí una caja muy grande que le habría traído mientras ella no estaba. La caja contenía dos enormes peinetones que él había comprado...  vendiendo el reloj de oro del abuelo.

Si ustedes creen que el amor es sacrificio, por favor, no se olviden de esta historia. El amor no está en nosotros para sacrificarse por el otro, sino para disfrutar de su existencia. 


Cuentos para pensar
Jorge Bucay
 

6.14.2015

ÚLTIMA FOTOS!

Con esta entrada doy por terminadas todas las fotos que tenida por editar de mi viaje relámpago a Carolina del Sur.  





Feliz noche.